
Rosa Decarolis
Profesora de Dibujo e Historia del Arte
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Davide Cristofaro, joven “Talento” de Martina Franca, pueblo de la bella Valle d’Itria: y ello en una época, como la nuestra, en la que las Musas juegan al escondite y las definiciones se deshacen, como nieve en primavera, de modo que la terminología se confunde en nieblas de ambigüedad y “pintura” puede significar también una figuración polimatérica, de apremiante peculiaridad, o bien cualquier otra digresión, telúrica, meteórica, en el equívoco Empíreo de la cromaticidad y de la plasticidad. Cristofaro atestigua, en cambio, que es pintor (estampados batik, serti, óleos, pasteles, collages, temples, pinturas con técnicas mixtas, retratos, carboncillos). Se llama a sí mismo como testigo, a través de sus propias obras, que se convierten por ello en signos certificantes, constataciones e incluso investigaciones documentales. En sus obras, él ofrece, sin exhibicionismos, un corte ideográfico de la propia identidad, un dibujo en sección vertical de su vocación y evolución: las frecuentaciones académicas como los estudios estilísticos, las experiencias de vanguardia como las destrezas conseguidas en el arte gráfico, del que le ha quedado el gusto exacto, icástico, casi una opción preferente respecto al “volumen”, a un tiempo medida y constatación en el arte polimatérico. La materia que él propone no es solo el color al óleo sobre lienzo, sino también la presencia de otro material pobre. De ella extrae figuras humanas, siluetas, cabezas, paisajes, donde la referencia corpórea trasciende, en la invención de la creatividad, el puro dato antropomórfico.

De ello obtiene complejos elementos compositivos, verdaderas obras de arte: ora geométricas, espaciadas, que sostienen arduos equilibrios de “vacíos” y de “llenos”, ora planas, marcadas por oscuros jeroglíficos, por símbolos alusivos. Desde esta óptica, los rostros, los inertes desnudos femeninos, se confrontan con los marcos (de los que brotan fuerzas endógenas), así como con las estructuras espaciales. Entre las figuras singulares y las composiciones se establece así una relación que no se circunscribe a la complementariedad de estilo, sino que se propone la meta de una “contemporaneidad” de acción y de ideación que, una vez plenamente alcanzada, permitiría a Davide Cristofaro aplacar ese anhelo de síntesis entre forma y contenido en el que se debate su joven y prometedora sensibilidad de artista.



