Retrato de Alfredo Pasolino

Alfredo Pasolino

Crítico internacional e historiador del arte

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La forma concreta de toda belleza ideal

De Davide Cristofaro es el rostro bien trazado de la minuciosidad que nunca traiciona la Belleza ideal de los sueños de otros tiempos, arquetipos inmortales del alma. De ingenio agudo y culto, de corteses maneras, que obran de concierto en el desarrollo del carácter y del temperamento. Dibujo, Arte y Moda. Especializado como figurinista teatral, proyectista de pintura sobre seda. Su figura destaca entre los Maestros internacionales del Nuevo Milenio, en el seno de un arte prerrafaelita y amanerado hasta el sintetismo moderno moderado. Posee una personalidad tan destacada como insólita, para un diseñador de moda, una creatividad emulsiva, que aflora del sueño de alma visionario y original, y que le han permitido afinar su sensibilidad estética en todo cuanto concierne al Arte. En sus retratos, caracterizados por contornos precisos, cede a las seducciones de la anécdota, para arrebatar el secreto de la luz y de la belleza. En una búsqueda de expresión elegante en la composición del retrato, del gusto formal, del perfil, tanto como en las expresiones de viva fuerza plástica. Sus personajes son “Dioses de otros tiempos” que transmiten el diálogo interior, reflejo del alma. Enamorado, más allá de los sentidos, de fundir Arte y Moda, en sus tejidos, como verdaderas obras de arte.

Nobleza de la interioridad sublimada en arroyos del alma creadora

Gran intérprete del realismo visionario, a lo largo de una secuencia que sondea el alma creadora, entre realismo protorromántico y dramatización ético-moral, nos presenta una inédita performance de composiciones pictóricas densas de grandes sugestiones intuitivas y existenciales.

Ciclo proyectual de obras imaginíficas de su dramático mensaje, es decir, de su realismo de mil sensacionales latidos de vida expresados en su nobleza de ánimo. Para significar un esperado retorno a la edad de oro y a las antiguas tradiciones, sustentadas en la centralidad de la persona humana, como símbolo leopardiano de la espera de una estación florida, en su enamorada y poética paleta. Gracias a su Simbolismo espiritual, abrazo sintomático y revelador entre el pensamiento-ideal y el corazón de la palabra pictórica. Una sufrida denuncia de las continuas heridas producidas por una civilización individualista y material, vuelta solo hacia el mal absoluto de la locura, hacia el autocentrismo individual hipertecnológico y global del ego centrípeto, que solo un cataclismo podría detener. Es decir, en su movimiento de aceleración exponencial hacia la autodestrucción. Estamos asomados al borde del abismo, con el riesgo de un sin retorno.

Bravísimo, Davide, has sabido dar fuerza de simbolismo, carga e intensidad expresiva a la idea proyectual, conduciéndonos a nosotros, lectores, hasta tu noble mensaje ético-moral, de gran elevación realista, con el amplio respiro de la meditación y de la escucha reflexiva. ¡Con los colores de la resignación, en el abandono al refugio de la interioridad, reino del alma! El amor, latido de la vida naciente, como metáfora del alba radiante, cuando la mente y el corazón, esperados, se desposan en un sin unum sinérgico. Aquí el alma se revela fusión de identidad con ese mismo Amor que mueve el sol y las estrellas, entre amante y amado, ambos fundidos en el mismo sujeto real intrínseco. El mismo Amor al glorificar al Señor, Gran Director de la Vida. Que, por inducción sensibilísima de cada obra de Davide, nos enamora de belleza-alegría en el mismo delirio de amor del Rey David de Israel, danzando, ciñéndose brazaletes y ajorcas preciosas, para glorificar la Manifestación divina. Impetuoso torrente de la Vida-Una que se despliega como los rayos radiantes del Sol…

Proteggimi dal Mio Presente
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Amore incondizionato

«Hasta donde alcanza el ojo interior, no existe horizonte carente de esperanza.»

Un relato velado por el discreto símbolo intimista, el del Pintor Davide Cristofaro, en esta pintura al óleo, comenzando desde la edad fetal formativa hacia el mar del existir, sobre la teatralización del drama humano objetivante… Davide elige el agua placentaria, símbolo primordial de la vida que emerge del mar, para colmar los sentidos del alma. Y nos propone una visión metafísica, onírica, una exteriorización poética de su sondeo visionario, como una sección alegórica de su aventurado viaje en la escansión dimensional de una emulsión que aflora, de una prodigiosa y realista manifestación del alma, y de su simbolismo reactivo, expresión vital de espiritualidad. Se percibe una atmósfera de lo sagrado, en la que es intensa la floración de la Vida una en sus infinitas gemaciones. La vida oculta en el microcosmos de una semilla hasta el embrión humano, para que el ojo sensorial perciba de inmediato el impacto de aquellos elementos que en el lienzo parecen casuales, pero que vuelven, se manifiestan, se persiguen en su recurrencia. Adquieren así un significado que, naturalmente, se sublima en una gran espera: una felicidad leopardiana, espera de un bien futuro. Así la referencia a la metafísica del sueño inventivo, auténtico quilate del verdadero gran artista, alcanza plena expresión del relato onírico, constelado por una poética pléyade del simbolismo de matriz espiritual. Cristofaro reviste su percepción intuitiva y le otorga un ropaje nuevo, inédito, de imágenes mentales, dándoles una historia tejida, una cultura que, en la cima de una penumbra colorista que envuelve al observador en una dulcísima psicoemotividad, enriquece el cuadro y desahoga, con el imaginario de la continuidad, la identidad de la intuición, que enriquece su razón, en la aventura mágica e imparable que pertenece solo al hombre que todavía sabe soñar.

Amore Incondizionato
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Composiciones oníricas y todas las estaciones del alma para transformar el sueño en vida: un tejido conectivo impregnado de poesía, en el que lo finito da sentido a lo infinito

Davide
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Trastocado el Curso académico de la Pintura, alcanzado lo espiritual en el Arte, Davide Cristofaro logra detener cada aluvión del sueño visionario con la energía primaria de la intuición, y detener el tiempo con la inmortalidad de su propio asombro interior y subjetivo ante las imágenes en posición de suspensión abstractista, poniendo de relieve la magia cromática del Neoexpresionismo inducido en quien contempla, un tantra meditativo de la alegría intimista. Davide suplanta el viejo alfabeto gráfico con signos únicos, la gracia ligera y la luz divina.

Para Cristofaro el dibujo da el Ser… El signo solo para hacer ver la idea creadora, confiando las propias percepciones o imaginaciones al valor del signo, no ya como vibración psíquica, sino como la aptitud del signo para la mirada, para la comunicación inducida, para la comunicatividad, para su vocativa predilección por los modelos del pasado virtualmente transfigurados, como alquimia, en su dinámica plasticidad, como mera poética de sugestiones de alma. Davide conecta al realismo visionario, en su peculiar condición ideativa, el conjunto manantial, tomando arquetipos de dentro de una memoria del tiempo, con el encanto de la psicosíntesis de los macchiaioli: signo/color/gama tonal/sombra/penumbra. No solo como interpretación ambiental, sino en ese articularse de la aparente objetivación abstracta del símbolo, en la realidad por representar, como elemento de entusiasmo para un aparente pasadismo de la alegría de vivir todos los reflejos del universo.

Con el esfuerzo de reproducir el doble de lo real, en el ejercicio expresivo, el alma reflejada y replegada sobre el alfabeto-lenguaje del subconsciente, de modo análogo a la música, en la pura simplicidad decorativa y rítmica, como refinado juego alegórico del arte, a lo largo de la serie de los sujetos representados, para el artista de Apulia el dibujo es un instrumento de representación analógica. Un boceto preparatorio suyo es ya un simulacro cercano al objeto real. Análogamente a la música, ¡un dibujo preparatorio es ya arte! Como en la música, Davide no ensaya. Al instrumento la armonía de conjunto, pero introduciéndola en el sondeo tonal, da todos los caracteres posibles en analogía con las notas musicales… Invierte así los procesos de la composición. Una subversión en los modos de la acción narrativa, como el esbozo de una novela o de un poema. Así el dibujo preparatorio es ya, de algún modo, la naturaleza misma del mensaje. Es decir, del producto final. Davide, se piensa y se cree, en cada obra suya, objeto del interés artístico, nunca es un fin en sí misma. Tiene validez y se configura como expresión inmediata del espíritu creador solo cuando pensamiento y corazón se desposan. Incluso cuando, en cada retrato suyo, obra, abstracta, caricaturesca, humorística, histriónica, satírica, las ve preciosas, envolventes, reflejos especulares de distintos sentimientos, es decir, de las acciones del artista que, con el lenguaje de un escultor antiguo, al deleitar el ánimo del observador inducido psicoemotivamente y que, a los ojos de la ignorancia amorfa, inexpresada, quiere captar sutiles relaciones entre la vasta cultura de alma del artista y su tiempo, sobre los complejos recorridos mentales que están en la base de su expresión gráfica, más allá de los colores que solo quieren espontaneidad o gestualidad, el realismo visionario hace visibles cosas que deberían ser y que serán, destinadas a la realización. Con la necesidad de contarse un sueño, una identidad. Una cultura que, con este cuadro suyo, se enriquece y desahoga, con la continuación, la identidad de la intuición. En la evolución mágica e imparable que pertenece solo al hombre que todavía ama soñar.

Querido Davide

Querido Davide, amigo mío especialísimo, solo cuando, como se observa en tu espléndido cuadro Bellezza – Verità, hay verdadera Creatividad, invención y un modo inédito de expresarla. Como sueño visionario de una mediumnidad lúcida con los ojos abiertos, ese es el verdaderísimo artista, un inventor inédito, como lo fue el gran Miró. Davide no sigue un cauce ya trazado por los registros del recuerdo: es un poeta de la paleta. Cada día escribe sobre una página blanca purísima y vuelca en ella sus sensaciones de alma, las sugestiones inconscientes, el fuerte impacto emotivo, gran fuerza motriz de su obra de arte.

Inkar
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Con afecto de crítico y amistad.

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