
Elena Quidello
Columnista
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El artista Davide Cristofaro no podía elegir un título más apropiado para conjugar el “espíritu de Martina Franca”, es decir, aquellos aspectos artísticos, folclóricos, culturales y paisajísticos que sancionan su pertenencia, con culturas de otros países que hoy más que nunca encuentran en la unicidad y singularidad del territorio de Martina Franca las condiciones ideales para integrarse y contarse. “La Straniera”, en efecto, experimenta, a través del recorrido turístico y cultural del territorio, la universalidad de la experiencia estética y emocional; experiencia que en lo profundo de la conciencia nos hermana a todos con ese mundo fabuloso y secreto que puede hallarse en cada admirable rincón de la tierra.
La Straniera
La mirada dulce y encantada de una “extranjera” en el mundo de las “maravillas” de Martina Franca se convierte en símbolo de unificación entre lo que puede ser, para una joven esquimal, la experiencia de vida en una morada de hielo y la de una morada de piedras.
Dos realidades confrontadas, mantenidas unidas por esa implicación emotiva y por ese asombro expresados solo por la luminosidad vibrante de los grandes ojos de la “extranjera”; ojos que interrogan y en los que el autor concentra el diálogo interior apasionado y soñador.
El rostro de la joven, enmarcado por la típica naturaleza de Martina Franca, representa el propósito predominante del acto artístico, sin el cual el majestuoso olivo centenario, los muros de piedra seca, el viejo trullo, las amapolas y todo el “espíritu de Martina Franca” no tendrían sentido si no estuvieran también iluminados por la mirada de la extranjera, como por la de cualquier otro ser humano.

Colazione da Tiffany
Un retrato de contornos nítidos y decididos, cautivador y sensual como solo una gran diva de Hollywood puede inspirar. Realizado con técnica mixta, el pintor despliega una habilidad técnica y una perfección tales en el uso del color que lo vuelve vivo y comunicativo.
Los trazos con los que acaricia el rostro de la diva, captada en actitud coqueta como en el guion de la célebre película, parecen penetrar en el alma de la misma, que sobre el fondo arabescado alcanza la plena atracción óptica.
Los matices de color plateado en los cabellos de Audrey y la mirada llena de asombro revelan todo el candor y la dulzura de su singular personalidad. Aun en la fidelidad a la imagen de partida, el artista ha sabido inmortalizar la belleza intemporal de la diva trasladándola al lienzo con su personalísimo estilo y su igualmente personal técnica mixta.




